...LA GUERRA ES LA ANTITESIS DE LA PAZ Y NOSOTRAS LUCHAMOS POR LA PAZ...

11 de noviembre de 2008

MCG en el Día del Veterano, además vea el reporte de PBS - Militares enfrentan altas tasas de suicidios

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videoSegún la col. Elspeth Ritchie, siquiatra del army el destacamento repetido de tropas a los teatros de guerra en Irak y Afganistán es la causante del aumento en los suicidios de los veteranos... MCG se solidariza con el sufrimiento de estos y exhorta a que se atiendan estos reclamos de forma urgente y a los jóvenes les decimos que no se dejen engañar, evaluen las consecuencias y diganle NO al reclutador.
http://www.pbs.org/newshour/video/module.html?mod=1&pkg=vetsuicide&seg=0
http://www.pbs.org/newshour/health/
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Prefieren no recordar sus días en Vietnam
Mariana Cobián / Primera Hora,miércoles, 12 de noviembre de 2008
Pueden hablar por horas de cualquier asunto, pero a la hora de tocarles el tema de la guerra, se les forma un taco en la garganta y prefieren cambiar el tema.

Tres veteranos de la guerra de Vietnam hablaron a duras penas con motivo del Día de los Veteranos de las peores experiencias que vivieron en apenas uno o dos años que estuvieron destacados en la batalla, que se extendió desde 1960 hasta 1975 y que dejó el saldo de aproximadamente 60 mil militares norteamericanos muertos.

Celestino Calcaño, Rubén Santiago y Luis Alicea están vivos para contarlo, pero todos tienen las cicatrices de la guerra. Ya sean emocionales o físicas.

Los tres tenían entre 18 y 19 años cuando fueron activados a servir en la guerra vietnamita. Fueron entre el 1967 y 1969, poco después que comenzaran a llevar tropas estadounidenses en 1965. Curiosamente, todos tienen en común que han atravesado por varios matrimonios, que tienen hijos a los que les han recalcado no enlistarse en las Fuerzas Armadas, y a los tres se les aguan los ojos cuando recuerdan los duros momentos que vivieron.

Y aunque prefieren no hablar de Vietnam, por lo menos agradecen estar vivos para contarlo.


Rubén Santiago: Su decimonoveno cumpleaños lo pasó combatiendo en Vietnam y fue entonces que conoció el olor de la muerte.

Como muchos otros jóvenes, Rubén Santiago apenas tenía 18 años cuando fue activado para ir a la temida guerra de Vietnam. Llegó en 1968 y se fue al año siguiente. Un año fue más que suficiente para que se marcara para el resto de su vida.

Recordó que una noche estaban cerca de Cambodia cuando fueron rodeados por el enemigo.

“Yo estuve... en una masacre cerca de Cambodia. Fue muy triste. Al día siguiente se contaron aproximadamente 300 cadáveres. Se recogieron, se hizo una fosa común, se les pegó fuego y apenas podíamos respirar. Teníamos que empapar una toalla en agua para cubrirnos la nariz. La peste a pelo quemado, a la carne quemada. Era imposible respirar”, narró Santiago, quien desde entonces padece de bronquitis asmática crónica “además del daño emocional, claro...”.

“En aquel momento perdimos 15 de nuestra compañía. Fue muy traumático”, recalcó el residente de Carolina.

Pero justo antes de partir a Vietnam, estuvo estacionado en el fuerte Buchanan “y mi trabajo era la despedida de duelo de los que fallecían y venían de Vietnam”.

“Unos a los otros nos cuestionábamos a cuál nos tocaría enterrar, a quién... Luego tuve que enterrar a uno que cogió entrenamiento conmigo en Georgia. Es muy fuerte, muy fuerte. Apenas nos gusta hablar de eso”, reconoció Santiago.

Ahora, con tres hijos varones, indicó que “no les voy a permitir” que ingresen a las Fuerzas Armadas “ni se lo recomiendo a ningún ciudadano puertorriqueño”, no tanto por el trauma de la guerra como tal, sino porque siente que “no se defienden nuestros derechos” una vez regresan a su patria.

Celestino Calcaño: Fue a Vietnam voluntariamente. Tenía problemas con su padre y quería “hacerse hombre”.
Cuarenta y un año después, a ninguno de sus tres hijos le interesaron las Fuerzas Armadas “por la experiencia mía”.

El vecino de Carolina narró que llegó a Vietnam en 1967 cuando tenía 18 años. Permaneció allí por dos años. Y tiene muchas historias que contar, pero el ingeniero de combate preferiría no contarlas...

Calcaño recordó que se acordó una tregua con el régimen del primer presidente de la República Democrática de Vietnam (Vietnam del Norte), Ho Chi Minh, por lo que “dejamos las armas y nos atacaron a traición”.

“Para ese tiempo, lamentablemente, murió un comandante de combate en los brazos míos. Nunca (podrá sobrepasarlo), imagínese, por eso mismo estoy en tratamiento, por eventos así en la guerra”, dijo, sin ofrecer muchos detalles porque le afecta.

Otro momento que prefiere no recordar son los Black Night Parties, cuando iban corriendo los vehículos de noche con las luces apagadas para no ser detectados por el enemigo. No podían detenerse porque iban en fila y si alguno paraba, podían capturar a alguno de ellos y ser prisioneros de guerra. De hecho, Calcaño recibió una medalla por salvar a sus pares porque “no cogieron a nadie de prisioneros y todos vivimos”.

Pero para evitar la muerte o su captura, “teníamos que seguirlo y a veces le dabas cantazos a las personas, a los niños, a los viejos, y había que seguirlo, no se podía parar uno para nada”.

“Me pongo mal. No me gusta hablar de eso...”, confesó a PRIMERA HORA cuando se le preguntó qué pasaba por su mente cuando tenía que atropellar a civiles.

Calcaño, quien trabajó como técnico de refrigeración, padece de cáncer del hígado, diabetes y tiene en la piel las consecuencias del agente naranja.

“Tengo manchas en las manos que pica y molesta, pero eso será hasta que me muera”, manifestó Calcaño, acompañado por su esposa, Rose Cortés, quien confesó que tuvo que recibir ayuda para poder ayudarlo.

Luis Alicea: Apenas se graduó de universidad con un bachillerato en economía, Luis Alicea fue activado por las Fuerzas Armadas y, sin otra alternativa, pisó suelo vietnamita en 1968. Tenía 20 años.

El residente de Toa Baja recordó que combatían casi todos los días. Y, exactamente 40 años más tarde, todavía se le aguan los ojos cuando recuerda cómo trataron de recobrar una de las bases de las Boinas Verdes ocupada por el enemigo.

“Yo creo que la experiencia más horrible que tuve fue cuando atacaron una base y tuvimos que ir a recobrarla. Era bajo tierra donde atacaban aviones norteamericanos y no le hacían nada. Tuvimos que tirarnos desde una montaña alta. Nos dispararon y tuvimos que bajar para poder pelear y tratar de recobrar nuevamente esa base.

Estuvimos semanas para recobrarla. Y digo que fue lo peor porque todavía tengo flashbacks...”, relató el residente de Toa Baja, quien tuvo que hacer una pausa porque se le aguaron los ojos.

“Mucha gente murió en esos días. Muchos, muchos, muchos. Vimos ahí cosas que nunca habíamos visto. Muchos muertos. Gente herida. Pasamos hambre. No se veía nada”, agregó.

“Hay muchas cosas que podría contar pero que me es difícil decir... Esto es algo que pasó, que yo viví en mi carne y lo vivieron muchos compañeros míos allí”, indicó Alicea con dificultad.

Manifestó, sin embargo, que lo que más le duele es llegar a su patria y no tener los servicios adecuados para tratar con sus condiciones de salud, como el zumbido constante en sus oídos y sus problemas de los nervios y de presión.

“Todo en la vida ha sido duro para mí (a raíz de la guerra). Me divorcié tres veces y parte del problema fue por Vietnam. Lo más grande es no tener dónde ir. Soy atleta y he combatido mis problemas corriendo para poder sobrevivir lo que estoy pasando y continuaré pasando porque aquí no hay ayuda”, expresó Alicea, quien está retirado, luego de trabajar como vicepresidente de mercadeo por 38 años.

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