...LA GUERRA ES LA ANTITESIS DE LA PAZ Y NOSOTRAS LUCHAMOS POR LA PAZ...

19 de marzo de 2011

Comunicado y Conferencia de Prensa, Madres contra la Guerra, 17 de marzo de 2011 (VIDEO)

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Conferencia de Prensa 1
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Conferencia de Prensa 2
De cara al octavo aniversario de la guerra en Irak, este sábado 19 de marzo, damos a conocer el testimonio de la señora Vilma Rivera Ortega, quien denuncia que su hija, V.P.W., de 39 años, entró al ejército en junio de 2007, como especialista cuatro, siendo asignada al Fuerte Drum en Nueva York. De acuerdo con su testimonio , la militar fue sometida a los siguientes vejámenes: tuvo una fractura en la patela durante el entrenamiento básico, para lo cual solo le administraron analgésicos, sin recibir tratamiento. Le obligaron a continuar con el entrenamiento, sufriendo dolores agudos. Contrajo una severa infección de oído en la barraca, ya que ésta estaba muy sucia y recientemente había fallecido un militar ahí y no había sido limpiada. Al solicitar atención médica, su oficial supervisor la regañó, la sacó de la oficina médica y la envió a limpiar un estadio. Como consecuencia de ello, V.P.W. perdió audición por ese oído. Ella sufrió el escarnio y la burla de su unidad, ya que el médico que le atendió le dijo públicamente que regresara a recibir servicios médicos "cuando empezara a botar pus por el oído".
Adicionalmente, la militar fue sometida a acoso y hostigamiento sexual continuamente por su oficial supervisor, quien le llamaba a cualquier hora. La condición emocional de V.P.W. se deterioró al punto de que en una ocasión llamó a doña Vilma para indicarle que desconocía dónde se hallaba, que estaba perdida. V.P.W. contrajo una enfermedad infecciosa contagiosa en el ejército, desconociendo la procedencia de la misma.. Aún con estas circunstancias, V.P.W. fue informada de que tendría que partir hacia Irak.
Durante dos años su madre luchó afanosamente, contra viento y marea, para traer a su hija a casa:llamó, escribió y logró exitosamente ique su hija saliera de la unidad; que fuera asignada a la unidad de transición para guerreros (warrior transition unit) y que regresara a Puerto Rico.
Hay más de 300 condiciones médicas que inhibirían al militar de ir a combate. Doña Vilma le enseñó al ejército los protocolos médicos que existen y exigió que se cumplieran para salvaguardar los derechos humanos de su hija, que el ejército violó. Pero solo la persistencia, el tesón y la dedicación de esta madre lograron que su hija regresara: enferma y con problemas financieros, pero viva. Este testimonio evidencia la capacidad de una madre para salvar a su hija, pero también nos enseña que los derechos de los militares son violados con impunidad y hay que hacerlos valer.
Presentamos también el testimonio de la sargento mayor del ejercito, Dominga Flores Anaya, quien estuvo 21 años en las fuerzas armadas, en la unidad 82 de paracaidismo, división de infantería. La sargento Flores Anaya valida los planteamientos hechos por doña Vilma y denuncia el continuo discrimen y acoso sexual del cual es víctima la mujer militar, quienes componen un 17% de las fuerzas armadas.