...LA GUERRA ES LA ANTITESIS DE LA PAZ Y NOSOTRAS LUCHAMOS POR LA PAZ...

28 de mayo de 2007

Cómo puedes construir la paz

Mediante la entrevista que nos hiciera Ileana Delgado postulamos que en la construcción de una cultura de paz:

a. No puede haber paz sin igualdad;

b. La avaricia y la dependencia generan violencia la cual, a su vez, genera más violencia;

c.Apoyemos proyectos de autogestión rompiendo con la dependencia y creando mejor calidad de vida;

d. La paz y el amor se imitan y recrean.

La dependencia estructural genera violencia, solo la equidad con justicia social trae la paz.

-Posición de MCG
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Al igual que muchos centros urbanos, comunidades y urbanizaciones de Puerto Rico, el barrio Borinquen de Caguas sufría de los típicos males sociales de hoy. Desde desempleo, drogadicción y falta de alternativas recreativas para los jóvenes hasta pobreza, frustración y violencia.

Pero esta comunidad no se cruzó de brazos a esperar que les resolvieran los problemas. En cambio, los residentes se organizaron y crearon la asociación comunitaria Nuevo Milenio con el fin de buscar soluciones a las situaciones que los afectaban.

Después de más de siete años de luchas, campañas educativas, talleres para identificar fortalezas y desarrollar destrezas, así como de programas de autogestión y negocios, los vecinos del "nuevo" barrio -conocido ahora como Eco Plaza Borinquen-, han comprobado que la participación ciudadana y la unión para lograr un bien común da excelentes resultados. Hoy, la calidad de vida ha mejorado significativamente y todos defienden el nuevo espacio que ellos mismos diseñaron, por el que trabajaron y del que se sienten más que orgullosos. Por consiguiente, dice Denisse Rodríguez, una de sus activas líderes, toda la comunidad está construyendo los verdaderos cimientos para una cultura de paz.

"No se han acabado todos los problemas. Pero en la medida que logramos que los jóvenes se alejen de las drogas y tengan áreas para recrearse sanamente, desarrollemos la infraestructura económica necesaria para generar ingresos y se rompa con la cultura de la dependencia, tendremos una comunidad más fuerte que va a luchar y defender todo lo que ha logrado", sostiene Rodríguez.

No son los únicos. Los ejemplos abundan y son parte de los nuevos paradigmas para trabajar la cultura de paz en Puerto Rico.

En la comunidad Jagüey de Aguada, el deporte fue la mejor medicina para combatir la deserción escolar, los problemas de drogas y delincuencia, así como para mejorar el área recreativa de la vecindad. Precisamente, ese panorama fue el que motivó al líder comunitario Carlos Cancel, agente de la Liga Atlética Policíaca de esa región, a buscar alternativas.

"Él tuvo la iniciativa y se acercó a nosotros en busca de ayuda", comenta Julissa Morales, de Acción Social, organización privada sin fines de lucro que se dio a la tarea de hacer un estudio de las necesidades de la comunidad para darle apoyo.

Además de las clínicas deportivas y charlas de prevención, el agente Cancel logró motivar a la comunidad para que se uniera y participara en la búsqueda de soluciones para resolver otros problemas. Entre ellos, el desempleo y la poca unión comunitaria. En menos de un año, lograron recuperar la cancha y las áreas recreativas -donde operaba un hospitalillo de drogas-, mientras que ahora, están en vías de lograr una mayor autogestión entre los vecinos para desarrollar microempresas y pequeños negocios.

Otro ejemplo emblemático es Casa Pueblo, una organización integrada por cientos de voluntarios que nació hace más de 20 años con el fin de evitar que se perdiera parte de la sierra de Adjuntas en un proyecto de explotación minera -conocido hoy como el Bosque del Pueblo. Es un modelo de protesta con propuesta, que también logró la adquisición de la finca Madre Isla, donde ahora se cosecha café -además de otros importantes proyectos comunitarios y de autogestión que han redundado en beneficios para toda la zona.

Por su parte, la falta de oportunidades y espacios para el arte fue el detonante que motivó a un grupo de cantantes, cantautores y actores a organizarse y fundar la Cooperativa de Cantautores Taller Cé. Hoy, mantienen un exitoso café teatro en el casco urbano de Río Piedras, además de un estudio de grabación.

Son sólo algunos de los muchos modelos que ejemplifican lo que se puede lograr cuando las personas se solidarizan y luchan por un bien común. Las formas y los medios que utilizan para lograrlo puede que varíen, pero todos tienen un mismo objetivo: mejorar la calidad de vida y por consiguiente, una cultura de paz.

Alianzas que dan frutos

Uno de los problemas más frecuentes cuando se habla de cultura de paz es que se trivializa el tema "llevándolo al campo de las actividades tipo demostración, en las que niños y niñas desfilan, grupos religiosos marchan u otros grupos cívicos se manifiestan", plantea la licenciada Amárilis Pagán, directora ejecutiva de Matria, organización que ayuda a mujeres víctimas de violencia doméstica. Pero trabajar para una cultura de paz, enfatiza la abogada, es algo mucho más profundo y retador que implica trabajo interno y constante en comunidad.

"El trabajo para desarrollar una cultura de paz debe partir de alianzas entre sectores de la sociedad. Ningún grupo puede trabajar por su cuenta, pues ninguno puede dar solución a todas las situaciones que vive nuestra gente", sostiene Pagán, mientras explica que habla de soluciones porque cuando se vive en pobreza y en exclusión, bajo el asedio del discrimen, con pobres servicios de salud, "¿quién puede hablar de paz?".

"En ese momento lo que hay es ira, frustración, desesperanza. Mientras que la base de la paz es la justicia y la equidad para todos los grupos. Sin la garantía de derechos humanos como el derecho a una vivienda digna, a servicios de salud y educación, ¿cómo desarrollar una cultura de paz?", se pregunta Pagán, para también destacar que las mujeres son un grupo excluido de muchos derechos económicos y sociales. Como consecuencia, sus hijos e hijas también son excluidos.

"Las vemos presentes en los grupos comunitarios, reconociéndose como defensoras de sus derechos, pero también del futuro de sus niños. Este grupo, al igual que otros movimientos comunitarios, ha adquirido una relevancia extraordinaria en los procesos sociales y económicos del país", afirma Pagán, a la vez que admite que la gente ya no espera que la paz llegue de manos del Gobierno y de la Policía. "Ya saben que la paz y una cultura que las reivindique sólo puede llegar de sus propias manos".

Por eso la autogestión comunitaria, agrega Pagán, está produciendo a diario proyectos cooperativos, educativos, de "trabajadores/as dueños/as de empresas, de corte ambiental, de protección de la salud". Más que nada, añade, porque la gente quiere vivir desde la paz e intuitivamente reconoce que todos esos elementos y la promoción de los conceptos de desarrollo humano pleno son la mejor alternativa.

"Miremos a Piñones, a la gente de las Gladiolas, a las propias mujeres de Matria, la gente de Gautier Benítez en Caguas. Todos están defendiendo su derecho a una vida de paz partiendo de la defensa de cosas tan concretas como la de su vivienda, del ambiente, del derecho a educarse y a tener sus microempresas", argumenta Pagán.

Esa ha sido, precisamente, la experiencia en la comunidad Eco Plaza Borinquen, donde han logrado establecer una alianza de responsabilidad social empresarial con el Departamento de Autogestión del Municipio de Caguas que, según Denisse Rodríguez, ha sido de mucho provecho.

"Somos conscientes de que la paz la tenemos que trabajar nosotros en la comunidad", afirma con evidente orgullo la líder comunitaria, quien recuerda que uno de los problemas que tenían era un terreno baldío a la orilla del río que se había convertido en un vertedero clandestino. Mientras que en el parque de béisbol operaba un punto de drogas. Pero con campañas de educación y de limpieza para que los vecinos reconocieran los valores ecológicos de la zona, proyectos para desarrollar destrezas y programas de participación ciudadana para buscar alternativas y consenso -entre muchos otros talleres-, han logrado un cambio significativo en toda la comunidad.

"Elaboramos un plan para desarrollar un parque de recreación pasiva, según las necesidades y deseos de la comunidad. Se lo llevamos al Alcalde y afortunadamente se aprobó", agrega Rodríguez, mientras destaca que han logrado la autogestión con la creación de quioscos para la venta de comidas y de artesanías, el alquiler del parque para actividades privadas, así como otros negocios que se han generado a partir de los talleres que han recibido.

Lo mejor de todo, dice Rodríguez, es que el dinero que se genera se queda en la comunidad. Hoy, además, tienen un grupo de baile integrado por jóvenes del vecindario que ya ha hecho presentaciones en varios pueblos y que esperan sea parte de la oferta turística que pueden ofrecer al hotel Four Points Caguas Real. "Una oportunidad única para nuestros jóvenes, además de mantenerlos ocupados en su tiempo libre", afirma Rodríguez.

Son modelos que deben fortalecerse y replicarse en toda la Isla porque su éxito tiene un efecto multiplicador. Por ejemplo, afirma Pagán, cuando una mujer se fortalece y se hace autosuficiente, sus probabilidades de recaer en una relación violenta bajan drásticamente. Y sus hijos aumentan las posibilidades de mantenerse libres de adicciones, completar sus estudios y ser exitosos. En ese sentido, agrega, la paz se multiplica desde ellos y ellas. "Así ocurre con los distintos grupos y comunidades. Ya tenemos modelos para trabajar la paz, sólo falta potenciarlos".

De hecho, cuando las comunidades se unen y se organizan es cuando mejores oportunidades tienen de lograr mayores beneficios, sostiene la doctora Sonia Santiago Hernández, psicóloga clínica y directora del Programa de Asistencia Psicológica a Víctimas del Crimen a través de seis clínicas adscritas a la Universidad Carlos Albizu. En ese sentido, la creación de cooperativas y microempresas dentro de la misma comunidad para romper con la dependencia, las campañas de limpieza y las alianzas con otros sectores empresariales, son acciones muy beneficiosas, agrega la psicóloga, que redundan en mejor calidad de vida y más paz para todos.

"Tiene que haber acción y resolución dentro de la misma comunidad", enfatiza Santiago, aún a pesar de que el elemento de la avaricia y codicia de los que más tienen a expensas de los que no tienen, es un elemento que siempre va a existir. Además, agrega la psicóloga, debemos ser más exigentes con nuestros gobernantes para que apoyen los proyectos de autogestión y de responsabilidad social empresarial. Pero a la par con esa exigencia y reclamo, nos tenemos que organizar y trabajar con el fin de lograr cambios "porque todos tenemos la obligación ética y moral de romper con la dependencia y no esperar que el otro resuelva por mí".

La violencia de la pobreza

La paz sólo se puede asegurar, afirman algunos, cuando las personas están libres del temor al hambre, de las injusticias y de las desigualdades sociales -males que conducen, generalmente, a conflictos violentos.

De hecho, destaca Santiago, cuando la sociedad no cumple con los derechos humanos inalienables -contemplados en la carta de derechos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)-, se crean unas condiciones estructurales que "llevan a unos desfases que crean violencia".

En ese sentido, la paz debe construirse en la cultura y en la estructura, no sólo en la mente humana. Específicamente, porque la violencia estructural -cuya principal manifestación es la exclusión social y la pobreza- a su vez, genera múltiples formas de violencia.

"La erradicación de la pobreza, la reducción (y preferiblemente la eliminación) de la desigualdad mejoran las condiciones de vida de los grupos menos favorecidos, así como el acceso a la educación y todo lo relacionado a un desarrollo humano que sea sostenible", señala la socióloga y criminóloga Lina Torres, profesora en la Universidad Sagrado Corazón (USC), quien destaca que son elementos imprescindibles para construir una cultura de paz.

En la medida que se limitan las oportunidades económicas, formales y legales, se empuja a las personas a otro tipo de actividad que les permita sobrevivir y subsistir -muchas de ellas, ilegales y violentas, opina Miguel Soto Class, director ejecutivo del Centro para la Nueva Economía (CNE), aunque destaca que eso no es excusa para ese tipo de comportamiento.

Por eso no es extraña la relación tan directa que se establece entre la pobreza y la violencia. O que se afirme que la pobreza es violencia. "No hay maneras de tratar el tema de la violencia si no se trata paralelamente el desarrollo económico -particularmente, el comunitario", sostiene Soto.

El problema es que se ha desarrollado un proceso de globalización, afirma por su parte la doctora Torres, en el marco de lo que algunos denominan "capitalismo autoritario", "capitalismo salvaje", "fascismo de mercado" o neoliberalismo.

"Esto produce otro fenómeno social: una porción significativa de la población es percibida (y tratada) por el sistema como económicamente no viable y por lo tanto, se les excluye e induce a una de las formas más terribles de la violencia estructural, la pobreza", plantea Torres, mientras enfatiza que no puede haber paz sin justicia y, mucho menos, sin justicia social.

"Si por justicia social entendemos aquellas formas democráticas de sistemas donde todos y todas tengan una efectiva participación social, política y económica, o a la práctica que busca que cada miembro de la sociedad tenga la oportunidad igual y efectiva para desarrollarse cabalmente, tenemos que admitir que todavía falta mucho camino por recorrer", sostiene Torres, para señalar que lograr esto requiere que nos detengamos a reflexionar sobre la sociedad que tenemos y la que deseamos, para luego encaminar nuestros esfuerzos hacia la consecución de una sociedad basada en la justicia y por ende, en la paz. "Eso conlleva acción educativa, cultural, social y cívica, en la que cada persona tiene algo que aprender y algo que ofrecer".

Conlleva, además, buscar formas creativas y constructivas para transformar los conflictos. Y el marco de referencia, dice Torres, es el respeto a los derechos humanos y la solidaridad. "Explorar alternativas sustentadas en la negociación, el diálogo, la mediación, la empatía y la capacidad de manejar adecuadamente nuestros propios conflictos, constituyen también destrezas necesarias para desarrollar una sociedad que promueva la paz".

En ese sentido, se debe entender que los conflictos son inherentes a la naturaleza humana y a la paz. De ahí la importancia de aprender a resolverlos de una manera no violenta. "El conflicto no es malo. Lo importante es aprender a lidiar con él", manifiesta la catedrática Anaida Pascual Morán, de la Cátedra UNESCO de Educación para la Paz, en el Departamento de Estudios Graduados de la Universidad de Puerto Rico (UPR). El problema, agrega, es que todavía no hemos aprendido a manejarlo.

"La educación para la paz no debe ser para volver a la gente más pacífica, sino para volverla más capaz de examinar la estructura económica y social (y educativa) en cuanto a estructura violenta", sostiene Pascual, quien cree que cuando se habla de violencia, la mayoría de la gente toma distancia. La identifican "allá", pero no se miran a sí mismos para verla dentro del hogar, en el trabajo o en su profesión, "en sus manifestaciones cotidianas".

En ese sentido, ese modelaje de la violencia -que generalmente sirve de ejemplo para los más jóvenes- tenemos que romperlo, recomienda la Dra. Santiago. Especialmente, porque la violencia siempre genera más violencia. Pero asimismo, enfatiza, "el amor y la paz, también generan más amor y paz".

Por: Ileana Delgado Castro / END