...LA GUERRA ES LA ANTITESIS DE LA PAZ Y NOSOTRAS LUCHAMOS POR LA PAZ...

23 de julio de 2026

El racionamiento y la desesperanza
 Sonia Santiago Hernández, Psicóloga clínica y social publicado en El Nuevo Día 23 de julio de 2026

El agua es mucho más que un recurso natural. Es vida, salud, tranquilidad y dignidad. Sin embargo, para miles de familias puertorriqueñas, abrir el grifo se ha convertido en un acto de incertidumbre. La actual crisis del agua, agravada por la sequía y por décadas de rezago en el mantenimiento de la infraestructura, ha obligado al gobierno a declarar un estado de emergencia y a implantar medidas de racionamiento en varios municipios, mientras millones de personas viven en zonas afectadas por condiciones de sequía.

Aunque el debate público suele concentrarse en las represas, los embalses, las tuberías y la distribución del servicio, existe otra dimensión que rara vez ocupa titulares: el impacto que esta crisis tiene sobre la salud mental de nuestras comunidades.

Como psicóloga, me preocupa profundamente que estemos normalizando un estado permanente de incertidumbre. No saber si mañana habrá agua para cocinar, bañarse, lavar la ropa o cuidar de un familiar enfermo constituye una fuente continua de estrés. Esa incertidumbre desgasta emocionalmente a las personas y altera la dinámica de toda la familia.

La psicología ha demostrado que cuando un individuo pierde el control sobre necesidades básicas para su supervivencia, aumenta la sensación de vulnerabilidad. El organismo permanece en un estado constante de alerta que, si se prolonga, puede provocar ansiedad, insomnio, irritabilidad, agotamiento emocional, dificultades para concentrarse y síntomas depresivos. No se trata simplemente de una molestia pasajera; hablamos de una carga psicológica que puede afectar seriamente la calidad de vida.

Las familias con niños pequeños viven con la preocupación de mantener condiciones adecuadas de higiene. Los adultos mayores y las personas con enfermedades crónicas enfrentan riesgos adicionales cuando no cuentan con agua suficiente para atender sus necesidades diarias. Quienes cuidan de ellos también experimentan una enorme presión emocional.

La escasez de agua no solo vacía los tanques; también llena los hogares de tensión. Las discusiones aumentan, el cansancio se acumula y la sensación de impotencia comienza a dominar la vida cotidiana. Cuando una crisis se prolonga durante semanas o meses, muchas personas desarrollan una peligrosa sensación de resignación, creyendo que vivir así es inevitable.

Puerto Rico ya conoce las consecuencias emocionales de perder servicios esenciales. Tras el paso del huracán María, diversos estudios documentaron que la interrupción prolongada del acceso al agua y otros servicios básicos estuvo asociada con mayores niveles de ansiedad, depresión y síntomas de estrés postraumático. Esa experiencia nos enseñó que la recuperación de una comunidad no depende únicamente de reconstruir carreteras o reparar tuberías; también requiere sanar las heridas emocionales que dejan estas crisis.

La situación actual revive muchos de esos temores. Para miles de personas, especialmente quienes viven solas o carecen de recursos para instalar cisternas o comprar agua continuamente, cada nuevo anuncio de racionamiento representa una nueva fuente de angustia.

No podemos aceptar que la incertidumbre se convierta en parte de nuestra identidad colectiva. El acceso al agua potable es un derecho humano reconocido internacionalmente y constituye uno de los determinantes más importantes de la salud física y mental. Garantizar ese derecho significa proteger también la estabilidad emocional de nuestro pueblo.

Las autoridades tienen la responsabilidad de atender la emergencia con transparencia, planificación y sentido de urgencia. Pero también deben reconocer que toda crisis de servicios esenciales tiene consecuencias psicológicas que requieren atención. La salud mental debe incorporarse como parte de cualquier estrategia de respuesta ante emergencias relacionadas con el agua.

Al mismo tiempo, las comunidades pueden fortalecer su resiliencia mediante la organización vecinal, la solidaridad y el apoyo mutuo. Compartir recursos, mantener una comunicación efectiva y cuidar especialmente de las personas más vulnerables reduce el aislamiento y fortalece el sentido de comunidad. De sas cualidades nuestra gente puede dar cátedra.

La escasez de agua no debe medirse únicamente por el nivel de los embalses. También debe medirse por el impacto que tiene sobre la tranquilidad de una madre que no sabe cómo preparará los alimentos de sus hijos; sobre el adulto mayor que teme quedarse sin agua para tomar sus medicamentos; sobre el trabajador que pierde horas buscando un recurso indispensable para vivir.

Cuando el agua deja de fluir, también comienza a erosionarse la confianza en el futuro. Y un país que vive permanentemente preocupado por satisfacer sus necesidades más básicas difícilmente podrá alcanzar el bienestar al que aspira.

Proteger el agua es proteger la salud física, la salud mental y la dignidad de Puerto Rico.

11 de julio de 2026


MADRES CONTRA LA GUERRA COMUNICADO DE PRENSA

11 de julio de 2026

Madres contra la Guerra denuncia el gasto  de agua y  la  contaminación en Roosevelt Roads y rechaza el uso de Puerto Rico como plataforma militar contra Cuba y otros pueblos del Caribe

San Juan, Puerto Rico —  Denunciamos que los terrenos de la Base Naval Roosevelt Roads, en Ceiba, continúan representando un grave problema ambiental y un símbolo del militarismo estadounidense en Puerto Rico.

Nos preocupa  el uso de los recursos hídricos del país en instalaciones militares. Mientras Puerto Rico enfrenta una crisis por la escasez de agua que afecta a numerosas comunidades, denunciamos que las instalaciones militares reciben un suministro continuo para sostener sus operaciones. En Roosevelt Roads hay aproximadamente 3,000 militares, y el agua disponible no solo se utiliza para cubrir las necesidades básicas del personal, sino también para el funcionamiento y mantenimiento de toda la infraestructura militar, incluyendo aeronaves y otros equipos. Consideramos inaceptable que, en un contexto de escasez, los recursos hídricos de Puerto Rico sean destinados prioritariamente a fines militares mientras miles de familias enfrentan interrupciones en el servicio. El agua de nuestros municipios debe servir primero a las comunidades y no al sostenimiento del aparato militar.

De acuerdo con informes de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y del Departamento de la Marina de los Estados Unidos, en Roosevelt Roads se han identificado al menos 82 áreas contaminadas (SWMUs y AOCs) con presencia de metales pesados, hidrocarburos, solventes industriales y sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS). Aunque algunas áreas han sido objeto de procesos de remediación, hay zonas con potenciales riesgos para los ecosistemas de la bahía de Ensenada Honda y para las comunidades cercanas. Reclamamos la publicación de un informe actualizado sobre el estado de los suelos, las aguas subterráneas y los sedimentos costeros, así como la participación de las comunidades y de organizaciones ambientales en todas las decisiones relacionadas con Roosevelt Roads.       

Nuestra organización también denuncia cualquier intento de ampliar o fortalecer el uso militar de estas instalaciones. Nos preocupa profundamente que Puerto Rico continúe siendo utilizado como plataforma estratégica para operaciones militares de Estados Unidos en el Caribe y América Latina. Rechazamos que Puerto Rico sea utilizado para apoyar una eventual intervención militar contra Cuba o contra cualquier otro pueblo de la región. Puerto Rico no debe servir de trampolín para guerras, invasiones o acciones que amenacen la paz del Caribe. Nuestro archipiélago debe ser un puente de solidaridad entre los pueblos y no una base para la confrontación militar.

Es momento de transformar el área de lo que ellos denominan Roosevelt Roads ( que son los caminos  de los ceibeños, no de Roosevelt ) en un espacio dedicado al desarrollo sostenible, la conservación ambiental, la educación, la investigación científica y la creación de empleos que beneficien a las comunidades de Ceiba,  Naguabo y todo Puerto Rico.

Madres contra la Guerra hace un llamado al pueblo puertorriqueño, a las organizaciones sociales, ambientales, sindicales, religiosas y de derechos humanos a unirse para defender nuestro territorio, proteger nuestros recursos naturales y exigir que Puerto Rico nunca más sea utilizado como plataforma para la guerra. ¡ Fuera las bases militares estadounidenses de Puerto Rico!

Sonia Santiago Hernández, portavoz




10 de julio de 2026

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